| Rostros tristes y alegres en busca de la esperanza perdida |
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La muestra presentada cuenta con de 50 fotografías a color tomadas en el Mercado Binacional Dominico-Haitiano que se realiza en la frontera norte cada lunes y viernes y en comunidades haitianas en la carretera internacional donde la pobreza, la exclusión social y la violación a los derechos humanos forman parte del “pan nuestro de cada día”.
Maximiliano Dueñas Guzmán, presidente de WACC-Caribe y profesor de comunicación social de la Universidad de Puerto Rico en Humacao, expresó que la exposición que ya se presentó en Puerto Rico y ahora en la República Dominicana y pronto en Haití, busca sensibilizar a la sociedad sobre la amarga realidad que padecen los pueblos fronterizos.
Dijo que la iniciativa caribeña de comunicación que conjuntamente llevan a cabo la Universidad de Puerto Rico y Espacio Insular tiene por fin acercar la realidad migratoria caribeña a académicos y estudiantes. El proyecto se inició en el 2008 con la celebración de un seminario sobre comunicación y migración en el Caribe en la misma ciudad de Dajabón uno de los puntos fronterizos por donde se produce más tráfico de inmigrantes haitianos para explotarlos en la producción de caña, en las plantaciones bananeras y en la construcción.
El padre Regino Martínez, Director de Solidaridad Fronteriza, sede de la exposición, resaltó la calidad humana y profesional de la exposición fotográfica de Joselyn Ponce Barnés.
En la actividad organizada por el Espacio de Comunicación Insular y en el marco del proyecto de Incidencia y Comunicación para la Defensa de los Derechos Humanos de los y las migrantes, fue presentado además el documental “Frontera Haitiano Dominicana: fuente de violencia y paz”, video que presenta un trasfondo general al mercado binacional y la dinámicas económicas, sociales y políticas de la frontera dominico-haitiana.
Finalmente, José Luis Soto, Director del Espacio de Comunicación Insular, informó que se hacen los preparativos para presentar “Si Haití fue Blanco” en la ciudad de Juana Méndez, Haití, y en Santo Domingo, capital de la República Dominicana.
Expresó que la obra artística ha sido un esfuerzo por presentar la realidad social en que han sido sometidos los y las haitianas pero a la vez dijo que pese a ese sometimiento injusto los rostros fotografiados por Joselyn, especialmente los y las niñas presentan tristeza, pero también alegría y esperanza.
Texto del catálogo de la exposición
“Los rostros, sonrisas, manos y miradas que poblan la exposición, “Si Haití fuera Blanco”, reclaman esperanzas individuales y colectivas. Pero ante esos reclamos, esos deseos de pan, de educación, de salud, de justicia, de paz, en fin de un presente y futuro humano se anteponen múltiples fronteras. Está la más palpable, la línea divisora que define dónde comienza un país y termina el otro. Por esa línea artificial, como en casi toda otra frontera, se ha derramado mucha sangre y se ha invertido mucho esfuerzo intelectual y emocional para atrincherarla, ampliarla, moverla o eliminarla.
Pero los humanos gestos en estas fotos también aluden a otras fronteras: al racismo, xenofobia, sexismo, clasismo y otros prejuicios que obstaculizan y tronchan las esperanzas y deseos del ser humano. Hay preguntas fáciles: ¿Quiénes son los promotores de estos prejuicios? ¿Cómo se benefician de quebrantar e inficionar las esperanzas de esas vidas, como las que miramos en esta exposición? Entre las trampas que acarrean estas preguntas, está la que oculta que el verdugo, para ser impasible, tiene que deshumanizarse. Además está la trampa que niega responsabilidad al que no vive en la isla de La Española.
Así nuestra indiferencia se acopla a los legados del colonialismo y de las dictaduras para ignorar o responder con asistencialismo vanidoso ante la desesperanza que vemos en esos rostros. Al fin, la trampa más fácil es la de pensar que aquí, en Borinquen, no construimos fronteras de prejuicios que diezman esperanzas.
El ser humano es incompatible con la desesperanza. Por eso, también los seres en estas fotografías afirman sonrisas, alegría, solidaridad y combatividad. Y es con esas afirmaciones que tenemos que construir un nuevo Caribe, un archipiélago de esperanzas.
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