Una mirada comunicativa a la IA. No hay nada de inteligencia, ¿o sí?, en utilizar la IA
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Una mirada comunicativa a la IA. No hay nada de inteligencia, ¿o sí?, en utilizar la IA

J. Ignacio ´Iñaki` Chaves G.

“Los progresos científicos más extraordinarios, las proezas técnicas más sorprendentes, el crecimiento económico más prodigioso, si no van acompañados de un auténtico progreso social y moral, se vuelven, en definitiva, contra el hombre” (Pablo VI)

Entre tanta guerra, tanto odio y tanta inhumanidad, en estos tiempos poscovid-19 aparece con fuerza otra pandemia global. Se trata de una plaga tecnológica que está cambiando el panorama formativo e in-formativo de la población mundial.

Hoy es difícil encontrar un lugar en el que la llamada Inteligencia Artificial (IA) no esté presente. Invade la mayoría de los espacios de nuestro quehacer diario, siendo cada vez mayor el número de personas que “resuelven” su cotidianidad preguntándole a ella. El paisaje informativo se llena de IA y nos nubla poco a poco el horizonte y la utopía.

Por eso la mirada ha de ser comunicativa, dialógica y desde la razón, para no caer en el mismo error que flotó sobre medios y academias con aquella comunicación para el desarrollo que ni nos comunicó ni nos llevó al estado social que prometía. Abordar con criterio y mirada crítica el nuevo suelo que nos ha puesto la IA bajo los pies para no caer heridos por “cantos de sirena”.1

Panorama actual

Lo de actual es casi obsoleto porque la velocidad de penetración de la IA, sus cambios y avances, son tan rápidos que lo que hoy es “A” mañana será “Z” sin haber asimilado su paso por “B” o “Y”. Pero podemos observar su ínclita presencia y sentir que, al menos en lo tocante al continente latinoamericano, la situación se percibe como una vuelta a aquellos ya “viejos” tiempos en los que la Teoría de la Dependencia marcaba el devenir de las naciones que lo conforman. La actual situación frente a la IA parece estar movida por los mismos hilos de subordinación y dependencia.

En el ensayo The Adolescence of Technology, Dario Amodei, director ejecutivo de Anthropic – la empresa productora de uno los modelos de IA más potentes del planeta – plantea una serie de riesgos vinculados a los avances acelerados de la Inteligencia Artificial y nuestra escasa preparación frente a ellos. Esos riesgos serían: la pérdida de autonomía y soberanías nacionales, el mal uso de la IA con fines destructivos, los abusos de poder, las perturbaciones económicas y otros efectos indirectos. Nada nuevo, podríamos decir. Pero ahora con un poder “inteligente” que lo gobierna todo y a todos sin tener conciencia de ello “La humanidad está a punto de recibir un poder casi inimaginable, y no está claro si nuestros sistemas sociales, políticos y tecnológicos poseen la madurez necesaria para ejercerlo” (Amodei, 2026).

Esos riesgos se concentran con mayor fuerza e incidencia en los países del continente latinoamericano por sus condiciones políticas, económicas y sociales, agravadas por la recurrente inestabilidad política de sus gobiernos, tantas veces cuestionados como presionados casi siempre por el capital y por el poderoso “gran hermano”.

En la tercera edición del Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial (ILIA 2025), elaborado por el Centro Nacional de Inteligencia Artificial de Chile y la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), uno de los principales hallazgos es la confirmación de una tendencia ya visible en 2024: existe una profunda brecha entre el interés creciente de la ciudadanía por la IA y la escasa urgencia con que los gobiernos están construyendo las capacidades institucionales necesarias para apoyarlo y aprovecharlo. Los gobiernos actúan como si sobrara tiempo.

Mientras que durante el primer semestre de 2025 América Latina concentró entre el 15 % y el 20 % de las descargas globales de aplicaciones relacionadas con la IA, tercera región del mundo por uso de esta herramienta –con Chile, Costa Rica y Perú entre los más activos–, más de la mitad de los gobiernos (10 de 19) no contaban con una estrategia nacional frente a la IA o, si la tenían, no la habían dotado de presupuesto. Una situación comprensible si tenemos en cuenta que casi todos los países tienen otras dificultades mucho más perentorias que afrontar.

¿Hay inteligencia en la IA?

Podría afirmarse, con poco margen de error, que la “inteligencia” que hay detrás de la IA es la del negocio, la de los beneficios económicos de aquellas personas y entidades que la construyen y la hacen “casi imprescindible” para gran parte de la población que “cae en sus redes”. Y con ella, la “inteligencia” del poder, la del control de la información y los datos cuya manipulación gobierna el mundo y construye los imaginarios predominantes en la sociedad.

En 2023, cuando la IA todavía no se había difundido tanto ni llegado tan lejos, ya vivíamos determinados por las pantallas y deslumbrados por lo que nos ofrecían: “el espacio mediático se ha expandido y salido de rotativas, emisoras y estudios de grabación para estar presente, a cualquier hora y en cualquier lugar, en las pantallas de todos los dispositivos móviles existentes ocupando nuestra atención y distrayendo nuestras mentes” (Chaves, 2023, p. 7). A ello se ha añadido hoy la presión global de abandonar el pensamiento a las respuestas de la IA y dejar las acciones a lo que nos reboten sus “conocimientos”.

En el Atlas de Inteligencia Artificial para el desarrollo humano de América Latina y el Caribe (2025), el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) introduce una nueva noción, surgida del cruce entre tres conceptos: el antropoceno, la solidaridad y la resiliencia, que denomina el IA-ceno, un nuevo vocablo para señalar cómo el planeta Tierra no está solamente sometido a la acción humana, sino también a los efectos de “entes híbridos que pueden llegar a cuestionar o disminuir la noción de agencia humana como la conocemos hasta ahora”.

El PNUD nos advierte de que estamos viviendo “la transición de la inteligencia orgánica a la inteligencia ampliada y autónoma. El IA-Ceno ha dado nacimiento no a una nueva especie sino a nuevas especies, y nuevas agencias”. Pero esa “inteligencia ampliada y autónoma” está diseñada, programada y alimentada por la inteligencia humana.

Es innegable que la IA está redefiniendo el panorama social de la humanidad cambiando los paradigmas de la educación, la ciencia, el periodismo y las relaciones sociales. También pone en cuestión dilemas éticos que desde su artificiosidad parece pasar por alto y jugar al “todo vale”. Pero la IA no es inteligente per se porque es una construcción humana que, igual que sucedió con internet, nos promete facilitarnos la vida sin advertirnos de sus riesgos y de lo que hay detrás de ella y sus tecnócratas oligárquicos.

La IA es una serie de tecnologías basadas en algoritmos que “aprenden” una ingente cantidad de datos que procesan y que devuelven al responder. Es un instrumento, tal vez el más potente y avanzado –que se habrá desarrollado aún más cuando lean esto– programado para responder con base en lo que lo ha alimentado.

Mientras que la inteligencia humana sabe contextualizar, adaptarse, crear, pensar, sentir e interpretar. Como afirma el profesor e investigador Daniel Innerarity2 “la inteligencia humana es creativa y adaptable, algo que la IA todavía no puede replicar”. La inteligencia humana es flexible, la IA es instrumental; la inteligencia humana interpreta y da sentido, la máquina solamente procesa y devuelve información. Además, el ser humano es capaz de comprender y aplicar juicios morales y éticos a sus planteamientos y acciones.

La ética en la IA

Como ocurrió con la “educación” propagada por EE. UU. tras la II Guerra Mundial, y sobre lo que nos llamaron la atención en su momento Dorfman y Mattelart en Para leer al pato Donald, la IA uniformiza el tipo de conocimiento y con ello el pensamiento y el accionar.

Con la IA se confirma drásticamente el sonambulismo tecnológico que ya planteaba Winner (2008) en su libro La ballena y el reactor y que incide en la determinación que tienen las tecnologías sobre nuestra vida y nuestro comportamiento. La ausencia de “autorreflexión” frente al uso indiscriminado de las tecnologías modifica el papel que el ser humano desempeña en la sociedad, la actitud acrítica ante los impactos tecnológicos nos deja “desnudos” e indefensos.

No vamos a negar el valor de los avances tecnológicos, ni caer en enfrentar a apocalípticos contra integrados, pero sí es pertinente sustentar ciertos reparos ante un conjunto de elementos técnicos que está cambiando el escenario mundial en cuanto a la manera de leer la realidad, de desenvolvernos en nuestras tareas cotidianas y que está afectando, especialmente, el periodismo que ejercemos y la información que producimos y recibimos.

La Organización de Naciones Unidas para la Educación y la Cultura (UNESCO) ya advirtió en Recomendación sobre la ética de la inteligencia artificial (2022) acerca de los “nuevos desafíos éticos por el potencial de los algoritmos de la IA para reproducir y reforzar los sesgos existentes, lo que puede exacerbar las formas ya existentes de discriminación, los prejuicios y los estereotipos”.

Cuando ni las redacciones ni las academias estaban preparadas para enfrentar esta nueva manera de obtener datos e información, la fuerza de la IA estaba ya transformando el mundo del periodismo y del conocimiento sin ser todavía conscientes de sus efectos y de cómo incide en la forma de pensar y hacer de la población.

La actual situación de derechos tecnológicos que no son tales y de información que nos deforma se da, según Echeverría (2026), en el momento en que la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información (ONU 2003-2005) cedió a las empresas privadas la gestión del ciberespacio y su arquitectura, lo que hizo que, pese a su masificación, “libre” acceso y uso, su estructura sea antidemocrática y esté controlada por los dueños de las tecnológicas, con las GAFAM a la cabeza.

IA y periodismo

La IA ha invadido las redacciones en un momento en el que el periodismo ya estaba en riesgo. Tal vez eran los medios y sus sistemas de negocio los que estaban más en el alambre, porque el trabajo periodístico seguirá, por suerte, siendo necesario. Lo innegable es que habrá que adaptarse más y mejor al nuevo panorama informativo.

Se escribe mucho sobre la IA y el periodismo, sobre quien gana y quien pierde en ese cruce, sobre si se está empobreciendo el lenguaje periodístico, sobre si la IA ocupará el lugar del profesional de la información, sobre si la tecnología es la que está construyendo los valores o sobre si es la IA la que decide sobre qué escriben las y los periodistas y qué publican los medios. Hay respuestas de todo tipo y visiones distintas desde diferentes perspectivas.

Con la IA se produce en los medios una mayor automatización de las tareas, lo que puede afectar a su personal; se privilegian ciertos géneros periodísticos; se favorece el llamado ciberanzuelo (clickbait) para aumentar las visitas; se gana mecanización y se pierde creatividad; se denota una escritura sutilmente rutinaria, o se mejoran la eficiencia en la recolección y análisis de la información. También se ha potenciado con la IA un nuevo género: el periodismo de verificación, que busca cuestionar lo publicado y comprobar su veracidad. Se mire como se mire, la inteligencia artificial ha provocado una revolución en el periodismo acompañada de incertidumbres, riesgos y responsabilidades en el conocimiento y uso de tan ingente cantidad de datos en herramientas tan potentes.

La IA ha incidido, y mucho, en el periodismo. Porque con ella, tal como reconoce el Informe Mundial 2022/2025 de la Unesco, ha aumentado “la desinformación y la información errónea”. Por eso se requiere que los y las periodistas mantengan “una constante re-educación. El contraste de la información va a seguir teniendo un valor fundamental. Se tendrá que complementar con distintas herramientas y recursos, en pos de brindar credibilidad y ubicarse en su rol clave de arrojar luz a la sociedad” (Zuazo, 2023, p. 17).

Una puerta abierta al debate

Empezábamos escribiendo sobre la presencia de la IA en todos los aspectos de nuestra vida y terminamos asumiendo que la producción alrededor de ella es tal que es necesario poner aquí el punto y final, dejando la puerta abierta al debate sobre algo que apenas está iniciando, que no para de crecer y que no sabemos a dónde nos llevará.

De la referencia inicial a Pablo VI a la de León XIV al final: sus advertencias en la encíclica Magnífica humanitas van en la línea de prevenir, de no dejarse llevar por promesas que lo pintan todo de color de rosa con envoltura de papel celofán. Con el sugerente subtítulo “sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial”, el papa afirma: “Me limito a recordar algunos elementos esenciales para un discernimiento moral y social que proteja el primado de la persona, con el fin de que sea siempre la inteligencia humana, con su conciencia y su libertad, la que guíe las innovaciones técnicas y establezca con responsabilidad su uso y sus límites”.

Así que no hay afirmaciones irrebatibles. Palabra de ateo, descreído de religiones promisorias y de tecnologías salvadoras, incluida la que está subiendo al pedestal una herramienta que, hoy por hoy, parece destinada más a favorecer a los tecnooligarcas, a sus bolsillos y a sus “principios” tecnofascistas que a la sociedad civil.

Se trata de no caer en las fauces de la mentira y la manipulación para ganar seguidores y para beneficiar a los centros de poder que nos dirigen. El periodismo “no puede ser neutral ante los hechos ni indiferente ante sus consecuencias: tiene que ser riguroso, incómodo y honesto, y tomar partido por lo que lo justifica: la verdad comprobable, la rendición de cuentas y los derechos ciudadanos” (Alonso, 2026).

Porque no todo es IA, también sigue habiendo lugar para las utopías, pero no las de dioses en los cielos ni en los algoritmos, sino las de una humanidad que mantenga la ética y la coherencia, que entienda las tecnologías como herramientas para un mejor vivir, que tenga ganas de juntanzas para la vida digna y la justicia social, que practique una verdadera comunicación y que exija un buen periodismo y unos medios comprometidos con la información y con la verdad.

Notas

1. Este artículo no ha sido generado con la ayuda de la IA. Está escrito a partir del mínimo de sentido común e inteligencia que nos queda tras el exceso de pantallas, plataformas, redes virtuales y algoritmos, y del pequeño resquicio de libertad para seguir pensando y creyendo que el ser humano, y la comunicación que practiquemos, continuarán estando por encima de cualquier instrumento.

2. Daniel Innerarity: conferencia “Inteligencia humana e inteligencia artificial”, durante el EdTech Congres, Barcelona 2024 https://impulseducacio.org/es/educacion-y-ventajas-de-la-inteligencia-humana-sobre-la-artificial/

Referencias

Alonso, V. (2026). “Una resistencia para avanzar”, en InfoLibre, 20 de mayo de 2026. Disponible en https://www.infolibre.es/opinion/columnas/en-clave-de-fa/resistencia-avanzar_129_2195369.html

Amodei, D. (2026). La adolescencia de la tecnología. Disponible en www.darioamodei.com

Chaves, J.I. (2023). “Entre medios, redes y anzuelos”, en Redes sociales y medios de comunicación. Bogotá, ediciones desde abajo.

Echeverría, J. (2026). ¡No hay derecho! Contra las nubes y la tecnodominación feudal. Barcelona, ediciones asimétricas.

León XIV (2026). Magnífica humanitas, encíclica. Disponible en: https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/encyclicals/documents/20260515-magnifica-humanitas.html#La_inteligencia_artificial

Pablo VI (1970). Discurso 25º aniversario de la FAO, 16 noviembre 1970, AAS 62 (1970), 833.

PNUD (2025). Atlas de Inteligencia artificial para el desarrollo humano de América Latina y el Caribe. Disponible en: https://www.undp.org/es/latin-america/publicaciones/atlas-de-inteligencia-artificial-para-america-latina-y-el-caribe

Soto, A., Durán, R., Moreno, A., Adasme, S., Rovira, S., Jordán, V. y Poveda, L. (coords.) (2025). Índice latinoamericano de inteligencia artificial (ILIA) 2025. CEPAL y CNIA. Santiago: ONU.

Unesco (2025). Tendencias mundiales en libertad de expresión y desarrollo de los medios: informe mundial 2022/2025. París: Unesco.

Unesco (2022). Recomendación sobre la ética de la inteligencia artificial. París, Unesco.

Winner, L. (2008). La ballena y el reactor. Barcelona, Gedisa.

Zuazo, N. (2023). Periodismo e inteligencia artificial en América Latina, en Cuadernos de Discusión de Comunicación e Información, nº 25. París, Unesco.

J. Ignacio ‘Iñaki’ Chaves G. Sociólogo y comunicador, doctor en Comunicación y Ciencias Sociales. Columnista de Mundo Obrero y colaborador de desde abajo. Miembro de la Asociación Española de Investigación de la Comunicación (AE-IC), de la Asociación Latinoamericana de Investigadores de la Comunicación (ALAIC) y de la Federación Internacional de Periodistas (IFJ-FIP). También forma parte de los grupos de investigación Comunicación, Sociedad y Cultura (GICOMSOC, Universidad Rey Juan Carlos) y Laboratorio de Comunicación y Cultura (COMandalucía, Universidad de Málaga). Sus últimos libros publicados son: El trienio pandémico y la (in) comunicación (Bogotá, 2023) y Paredes que comunican. Las pintadas como expresión ciudadana (Bogotá, 2021).