De la concientización a una política pública en educación medial-digital

By Claudio Avendaño Ruz on February 09, 2014

El presente artículo busca presentar en forma somera algunos derroteros de la Comunicación/Educación en Chile (CECh), desde la década del setenta hasta fines del 2013. Tratándose de un breve texto resume solo algunas tendencias. Asume que la CECh debe entenderse en el contexto de la investigación en comunicación y los cambios más amplios a nivel socioeconómico, político, cultural y las transformaciones tecnológicas digitales de los últimos lustros. Ofrece una visión personal del interesante y valioso esfuerzo actual por construir una Política Pública en Educación Medial-Digital que impulsa el área de Novasur del Consejo Nacional de Chile. Es un momento crucial tanto para los actores institucionales como las personas, ya que se trata de un anhelo de larga data.

Siguiendo el planteamiento realizado anteriormente sobre el periplo de la investigación en comunicación (Avendaño, 1999), se expondrá una breve y sintética descripción de los diferentes momentos. En cada caso se incorporarán los mapas conceptuales hegemónicos, las metodologías asumidas y algunas experiencias ilustrativas.

Se trata de un tema central para la vida de las familias y las personas en general, ya que a partir de la individualización del acceso y usos de los dispositivos de la comunicación, las prácticas mediáticas se han vuelto vitales en la interacción familiar, la construcción de marcos axiológicos, en la participación ciudadana y el crecimiento de los sujetos como individuos y sociales.

Los años de la concientización y

la tele-educación

Si bien es cierto que los estudios de comunicación “modernos” comienzan en Chile en la década del cincuenta, con la fundación de las primeras escuelas de periodismo y el desarrollo de la investigación de orientación funcionalista, no es hasta mediados de los años sesenta que es posible observar algunos esfuerzos de lo que hoy llamamos Comunicación/Educación. No es seguro que los actores de aquel momento la definieran en estos términos, su acercamiento era más amplio, tenía relación con un esfuerzo por la generación y la construcción del campo de estudios de la comunicación tomando distancia del estructural-funcionalismo. El enfoque tenía elementos de la teoría crítica, marxismo y estructuralismo, que permitía comprender de mejor manera la situación de la comunicación mediática de ese momento (Garretón, 2004).

Durante la segunda mitad de los sesenta surge la Teoría de la Dependencia (Dos Santos, 1970) como un intento por generar un marco conceptual distinto del desarrollo planteado – por ejemplo, por Rostow – que reproducía el modelo dualista sociedad tradicional/ sociedad moderna, como el único camino para superar las condiciones de subdesarrollo de la región. En ese contexto surge una propuesta política desde la unidad de la izquierda, que buscaba abrir paso a los sectores excluidos en el sistema social, en el marco de la larga democracia chilena.

En este contexto de cambio social-estructural, desde algunos centros de investigación en ciencias sociales se agenda una nueva mirada hacia la comunicación. Específicamente en el CEREN (Centro de Estudios de la Realidad Nacional) y la EAC (Escuela de Artes de la Comunicación) de la Universidad Católica. Diversos investigadores – entre los que destaca Mattelart – generan una serie de trabajos y publicaciones inaugurados en marzo de 1970, en un número especial de la revista del CEREN dedicado a los medios de comunicación. Para ilustrar la orientación se observa en algunos de sus artículos temas como: crítica al funcionalismo en comunicación, análisis del sistema de propiedad de El Mercurio (principal diario del país de orientación conservadora), análisis de la “prensa del corazón”, entre otros (Mattelart et al, 1970).

Un estudio paradigmático de la época lo constituye el libro “Para leer el Pato Donald” de Ariel Dorfman y Armand Mattelart (1971), cuyo origen se remonta a la demanda de los obreros de la imprenta estatal, por comprender críticamente los textos y revistas que imprimían, ya que además de reproducir sus propias publicaciones ofrecían servicios de impresión a otras editoriales, como es el caso de Walt Disney. Lo que partió como un taller para que los obreros pudieran reflexionar y tomar conciencia de su trabajo, se transformó en un conocido libro traducido a muchos idiomas.

La orientación de la investigación referida, también buscaba transformarse en la evidencia científica que permitiera a los sectores populares tomar conciencia de la situación vivida. Así, se realizan una serie de productos comunicacionales escritos y audiovisuales sobre el acontecer sociopolítico, que se difundían masivamente en las organizaciones sociales de base, sindicatos y que constituían el espacio de reflexión y análisis por definición en esa época. Un ejemplo es lo realizado por el Departamento de Cine y Televisión de la Universidad Técnica del Estado, hoy Universidad de Santiago de Chile (http://vimeo.com/66167012).

Se plantea, entonces, un programa de trabajo que buscaba desvelar los intereses económicos detrás de los propietarios de los medios masivos, la presencia de contenidos alienantes, la omnipresencia de una ideología que da cuenta de un determinado orden social que se desea preservar.

En este contexto la Comunicación/Educación constituía un espacio de concientización de las fuerzas sociales que apoyaban al gobierno de Salvador Allende, y que necesitaban comprender a los medios como parte de una lucha social más amplia.

Otra línea de trabajo en ese periodo era la televisión educativa concebida como una extensión de la escuela formal. En este sentido se entendía que los medios masivos – especialmente la televisión – era un mecanismo difusor de saber escolarizado que permitiría a sectores sociales en pobreza urbana y también a ciertos grupos rurales, acceder a contenidos que la escuela formal no había logrado entregar. En cierto sentido esta matriz responde a los esfuerzos del desarrollismo por integrar a grupos “marginales” al polo moderno (industrial-urbano) de la sociedad.

La Comunicación y educación como resistencia y multiplicación de voces

El traumático y violento quiebre institucional y político del 11 de septiembre de 1973, cambia radicalmente la situación. El país agudiza el conflicto por el uso de la violencia estatal, los medios de comunicación que apoyaban al gobierno de la Unidad Popular desaparecen: sólo se escucha una voz. En términos de la CECh es evidente que los medios de comunicación fueron utilizados por la dictadura para intentar legitimizar sus propuestas.

Específicamente, la implementación del neoliberalismo requirió, en primer lugar, convencer al empresariado que el modelo era el adecuado y, posteriormente, al resto de la población. Se usan los controlados medios masivos para explicar las “bondades” del modelo. Específicamente la televisión se transformó en un espacio para tal propósito. En la década del setenta y parte del ochenta, periodistas especializados en economía explicaban los avances del modelo, incluso en algún periodo el ministro encargado del área tenía un espacio “pedagógico” en el horario prime time de la televisión.

En el otro sector los investigadores y comunicadores que pudieron continuar en Chile, crearon ONGs apoyadas por la solidaridad internacional. Así surgen CENECA, ECO, VECTOR y un grupo en la FLACSO-CHILE, entre otras. Desde el punto de vista de la CECh el grupo que hizo aportes los más significativos fue el Programa de Recepción Activa que organizó Valerio Fuenzalida y en el que trabajó activamente María Elena Hermosilla. Por una parte, se dedicó a desarrollar investigaciones en distintos colectivos sociales sobre la recepción televisiva. A partir de la evidencia que los sujetos y actores sociales eran capaces de re-significar las propuestas televisivas, se generó un conjunto de materiales para la educación en televisión. También se organizaron reuniones regionales sobre el tema, apoyadas por la UNESCO.

Por otra parte, la ONG ECO trabajó fundamentalmente apoyando los esfuerzos de sectores populares, sindicales y de las iglesias, para producir micromedios que permitieran elaborar tanto sentidos sociales sobre el momento, como permitir a las personas acceder a visiones distintas de la realidad.

También en las universidades hubo algunos intentos en Comunicación y Educación, específicamente en la Pontificia Universidad Católica se constituyó un grupo para promover la pedagogía medial, a partir de los aportes de los investigadores alemanes de aquel momento (Paredes, Colle y Avendaño, 1984).

En general, como puede observarse se manifiestan genéricamente dos tendencias en CECh en dicho momento. Por un lado, las iniciativas destinadas, por una parte, a lo que hoy día denominamos Educación Medial, es decir, la comprensión – algunas veces crítica – de los lenguajes y contenidos de los medios. De modo que las personas incorporen criterios cognitivos y afectivos que les permita recepcionar reflexivamente lo que entregan los medios de comunicación.

Por otra parte, se buscaba que amplios sectores sociales excluidos de los medios de comunicación dominantes controlados por la dictadura pudieran expresar sus puntos de vista, esperanzas e ideas y que constituían y representaban la mayoría nacional. Esto se puede constatar en la producción de micromedios de sectores sociales organizados, una manera de mantener y desarrollar no solo una expresión crítica del momento, sino que también mantener y constituir una identidad. En algunos casos, también servía para recuperar una memoria colectiva prohibida en ese Chile.

Los años de la democracia y el mercado.

Tras la recuperación de la democracia entre 1990 y 2010 gobernó el país una coalición de centro-izquierda. Luego entre el 2010 y el 2014 preside el gobierno Sebastián Piñera, de orientación centro-derecha.

En el periodo de la coalición de centro-izquierda, el mercado es el factor central de la generación de riqueza, mientras que el Estado diseña y aplica políticas públicas para asegurar la equidad, la participación y el incremento de la igualdad de oportunidades, especialmente en el período gobernado por la centro-izquierda bajo el esquema de lo que Castells ha llamado el “modelo de desarrollo liberal incluyente” (Castells, 2005). Tratándose de un mercado pequeño el sector exportador es central para el crecimiento económico lo que ha generado un sector terciario y, especialmente, financiero muy activo. En esta situación se generó – entre otros elementos – una temprana e importante incorporación de las TIC (Tecnologías de la Información y Comunicación) para facilitar las transferencias y la comunicación con los mercados externos.

A partir de la expansión creciente de las TIC por acción del mercado y su instalación en el modelo de crecimiento, comienzan a expandirse sus usos en el propio Estado y en los sujetos. En el caso del Estado a partir de la instalación del gobierno electrónico y otros modos de mediación digital con la ciudadanía.

En términos de nuestro tema una de sus dimensiones específicas es la instalación de TIC en las escuelas desde principios de los noventa, a través del Programa Enlaces del Ministerio de Educación. Esta ha sido la corriente principal desde el punto de vista del Estado en relación a la CECh: el uso de las TIC por los sujetos e instituciones escolares.

A nivel de los otros medios de comunicación, no se ha producido en el sistema educativo una incorporación sistemática y central. Es decir, la televisión, prensa, radio y cine no se han integrado en las prácticas educativas escolarizadas. A nivel curricular se ha incorporado, en forma muy tradicional, el conocimiento de los medios masivos y la publicidad en el currículum. Se les ha enfocado como un “objeto” que es necesario conocer y manejar educativamente y, por otra parte, como recurso didáctico para los docentes en el trabajo de aula. En este sentido no se ha producido una deseable continuidad entre las experiencias desplegadas en los ochenta – como ya hemos referid o– y la Reforma Educativa instalada en el nuevo periodo democrático.

Las excepciones lo constituyen el Programa El Diario en la Educación que realiza por 20 años (1999-2009) la Facultad de Comunicación y Letras de la Universidad Diego Portales; el canal educativo Novasur del Consejo Nacional de Televisión y lo realizado por la Facultad de Comunicaciones de la Pontificia Universidad Católica de Chile, a través de docencia de postgrado e investigación. Durante el periodo no existe una política integral y explícita sobre CECh en el Estado. 

A comienzos de esta década se observa la emergencia de activos y amplios movimientos sociales en temas variados, que van desde el medioambiente, hasta los pueblos originarios, pasando por los grupos animalistas y de género. No obstante, es el movimiento estudiantil que se desarrolla desde 2006 con la Revolución Pingüina y, especialmente, desde el 2011 con la participación de universitarios y secundarios, que comienzan a plantear demandas por una educación pública, gratuita y de calidad, fraguando esperanzas que erosionan los factores centrales del modelo de desarrollo y que conllevan necesidades de trasformaciones no solo en lo educacional, sino también cambio de la Constitución.

El proceso de ciudadanización y de ampliación y profundización democrática se ha caracterizado por la centralidad de la comunicación – en sus diversas dimensiones – para expresar y compartir sus demandas por una mayor equidad y participación (Avendaño, 2012). Sin embargo, también ha develado las diferencias sociales en el acceso y usos de la comunicación mediada, lo que se traduce en diferentes formas de participación. En este contexto se ha planteado la necesidad de elaborar una Política Pública en Educación Medial-digital que ha sido impulsada y convocada desde Novasur del Consejo Nacional de Televisión, con la participación activa de diversas universidades y organizaciones del tercer sector.

Así, durante el 2013 se ha constituido una mesa de trabajo y se organizó el Seminario Educación Medial-digital en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Santiago de Chile. A noviembre del 2013, se están construyendo los consensos y las propuestas específicas para sentar las bases de una propuesta de Política Pública en Educación Medial-Digital.

Una lectura de este momento y desde el suscrito, pero que intenta dar cuenta de los términos básicos, el debate se puede visualizar en los siguientes términos: la Educación Medial-Digital es un campo de acción, reflexión y fomento de la participación ciudadana que requiere que los diversos sectores de la sociedad chilena, estado, tercer sector, empresas y, especialmente los propios ciudadanos y ciudadanas aúnen esfuerzos, experiencias y conocimientos para ampliar sus competencias y las de sus grupos, de modo que se constituyan en actores activos, creativos e innovadores en los espacios crecientes y centrales de la comunicación mediada.

Algunos de los principios que orientan las acciones en este contexto, serían:

1.- La Educación Medial y Digital forma parte central de las habilidades humanas y sociales en este siglo, aunque tiene una larga trayectoria en instituciones como la UNESCO, tal como se indica en varios documentos desde la Declaración de Grünwald, hasta la reciente propuesta de Alfabetización mediática e información para docentes.

2.- Las transformaciones tecnológicas digitales han posibilitado que los sujetos sean capaces de recibir, crear y distribuir información en las diversas dimensiones de la vida social, política y cultural.

3.- Participar de la convergencia cultural implica desplazarse creativamente por diversos soportes y medios, aunque la televisión constituye el medio troncal para amplios sectores sociales – del sistema infocomunicativo (medios masivos+TIC).

4.- La Educación Medial y Digital se vuelve componente vital de la Sociedad de la Información y, por tanto, es un derecho universal de todos los sujetos, independiente de su condición social, etaria, género, étnica y, en consecuencia, debe promoverse en el marco de las Políticas Públicas de Comunicación.

5.- La Formación Ciudadana es una dimensión básica de la Educación Medial y Digital, ya que la convivencia democrática es crecientemente mediatizada.

6.- Ser prosumidor no solo implica ser capaz de recibir y producir información, sino también ser consciente y responsable de las consecuencias de los actos comunicativos en que participan los sujetos.

7.- Se debe promover una Educación Medial Digital para todos y todas aunque las diferencias socioculturales, de género, étnicas y etarias conllevan diferentes métodos de formación.

En términos generales se desea: a) recoger lo permanente del trabajo desarrollado en el país desde la década de los ochenta, b) asumir los desafíos de la transformación tecnológica de la digitalización y c) construir un sistema de comunicación pluralista y diverso en que todos y todas puedan disponer del capital simbólico y de las competencias mediáticas y el acceso a los dispositivos de comunicación, elementos básicos de una democratización de la comunicación.

Tal situación coincide, a su vez, con las demandas más amplias de mejoramiento y cambio del sistema infocomunicativo chileno que propone el grupo PolCom. n

Bibliografía

Avendaño, C. “Transformaciones en la investigación en comunicación: el caso de Chile”, Reflexiones Académicas, Nº 11, pp. 45-55, Santiago de Chile, Universidad Diego Portales. 1999.

Avendaño, C. “Es la comunicación, estúpido: empoderamiento comunicacional en las marchas estudiantiles”. Ponencia en el Congreso de la Asociación latinoamericana de investigadores en Comunicación. Montevideo, mayo, 2012. (http://alaic2012.comunicacion.edu.uy/content/es-la-comunicaci%C3%B3n-est%C3%BApido-empoderamiento-comunicacional-en-las-marchas-estudiantiles)

Castells, M. Globalización, desarrollo y democracia: Chile en el contexto mundial. Fondo de Cultura Económica. Santiago de Chile. 2005

Dos Santos, Th. Dependencia y cambio social. Cuadernos de Estudios Socio Económicos N°11, CESO Centro de Estudios Socio Económicos, Universidad de Chile Santiago, 1970

Dorfman, A., Para leer el Pato Donald. Ediciones Universitarias de Valparaíso, Valparaíso, 1971.

Garretón, M.A. Ideología y medios de Comunicación. Amorrortu Editores, Buenos Aires, 2004

Mattelart, A., Piccini, M. Los medios de comunicación de masas, Cuadernos de la Realidad Nacional

Mattelart, M. Nº 3, Marzo 1970, número especial.

Paredes, J., Colle, R., Niño y Televisión: Hacia una educación al medio. Escuela de Periodismo.

Avendaño, C. (Ed.) Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago de Chile, 1984.

Webgrafía

Programa Novasur www.novasur.cl

Archivo DGA-Universidad de Santiago de Chile http://vimeo.com/archivodg

Claudio Avendaño Ruz es Profesor de la Universidad de Santiago de Chile.


February 09, 2014
Categories:  Media Development

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